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Casa de Acogida

Nuestro modelo de acogida no solo busca cubrir las necesidades básicas del niño, aunque en un primer momento sea lo más urgente, pretendemos hacerles crecer, primero como personas, y luego como profesionales.

Construimos un espacio de tolerancia en el que cuidadores y acogidos, procedentes de etnias diferentes, con creencias y tradiciones distintas, conviven en paz, sin exclusiones. Nuestra Casa es un ejemplo de fraternidad entre los distintos pueblos y credos, muestra de la riqueza cultural de la región y de Kenia, y sirve de estímulo y ejemplo para las distintas tribus a las que atendemos.

Les inculcamos a los niños el valor de la amistad, la cooperación y la tolerancia. Con nosotros superan la violencia, la explotación laboral y los frecuentes abusos propios de las familias deshechas de las que proceden. Aquí recuperan la salud, aprenden la importancia de los estudios y ven por primera vez la posibilidad de un futuro diferente a la marginación y la pobreza que les han tocado sufrir hasta ahora. Con el mismo empeño procuramos que sean felices.

Porque la labor humanitaria que nos permite tener un grupo de niños sanos, protegidos y felices no es suficiente, dedicamos una especial atención a sus estudios. Todos están escolarizados.

Poco a poco el esfuerzo constante va dando sus resultados y ya son casi 50 los niños que han terminado sus estudios con una profesión y un título y ya tienen un trabajo. Más de la mitad de ellos son mujeres, un éxito en la lucha contra la injusticia y el derroche humano y social que supone la marginación de la mujer.